sábado, octubre 25, 2008

BIENVENIDAS/OS A REFLEXIONES CON TEMAS DE AUTOAYUDA.
REFLEXIONES DE VIDA PARA LA VIDA.



PARA LAS MUJERES QUE CREEMOS ESTAR SOLAS

Perfil de la soledad de una mujer....

Esa soledad que nos llena de miedo, nos atenaza con la edad y hace volcar nuestras ansias en la pareja equivocada.

Llegamos a los cuarenta y nos encontramos con un matrimonio fracasado, unos hijos incómodos con la nueva situación familiar y nueva soledad en la vida.

Nos dedicamos a trabajar.

Porque el esfuerzo del trabajo compensa las horas de eterna soledad y dejamos que los días resbalen lentamente sin que por ello deseemos cambiar el curso de nuestra existencia.

¿Qué somos?. Instrumentos de la vida que pululan por la tierra, solucionando problemas, haciendo nuestro alrededor un lugar más cómodo para los demás.

Damos los buenos días con la sonrisa en los labios y estamos muertas por dentro.

Nuevo planteamiento en la vida:

¿A dónde ir? ¿Cómo volveré a sentirme viva?
¿ Qué debo buscar para encontrar el equilibrio de pareja y familia? ¿Qué pasa con la rutina?
¿ Con el cuerpo muerto por el deseo reprimido?

Llenaría de preguntas páginas y páginas
buscando la respuesta que cada uno de nosotros tenemos dentro LA BÚSQUEDA DEL AMOR

Siempre es lo mismo, conoces....

Poco a poco lo vas dejando entrar en tu vida,
vas cediendo esa pequeña parcela tuya a favor de mejorar el amor de intentar volver a ser feliz y te das cuenta que has vuelto al principio del fin de una misma vida.

Y yo me pregunto:

¿ No hay pareja ideal que me haga tocar el cielo con la punta de los dedos? ¿ Dónde está el hombre que llene de calor mi cuerpo? ¿ Qué apague la sed de mi alma? ¿ Qué llene de ternura mi vida?
¿Qué no me pida nada, espere simplemente lo que yo de por amor?

Preguntaré al sol si de verdad su luz es la misma para todos, preguntaré a la luna si el romanticismo se lo llevó una estrella y después me sentaré bajo el manto de las estrellas para escuchar el ronroneo de la noche
acompañado de melodías sonando en el CD de mi coche, sintiendo como acariciada por el viento
voy dejando mi imaginación volar en busca de una ráfaga de vida que entre y llene mis sentidos de una razón ineexistente .

Ahora me quedaré sentada en la silla de la realidad, colgaré en un foro parte de mi pensamiento y de esta manera me sentiré arropada por las soledades existenciales de los demás,
ya no estaré sola, seremos almas con soledades diferentes en busca de un retazo de felicidad.

DESCONOSCO AUTOR




RESERVAS PARA VIVIR!!

Reserva tiempo para REIR,
es la musica del alma.

Reserva tiempo para LEER,
es la base de la sabiduria.

Reserva tiempo para PENSAR,
es la fuente del poder.

Reserva tiempo para TRABAJAR,
es el precio del exito.

Reserva tiempo para DIVERTIRTE,
es el secreto de la juventud eterna.

Reserva tiempo para SER AMIGO,
es el camino de la felicidad.

Reserva tiempo para SOÑAR,
es el medio de encontrar tus objetivos.

Reserva tiempo para AMAR Y SER AMADO,
es el privilegio de los hijos de Dios.

Reserva tiempo para SER UTIL A LOS OTROS,
esta vida es demasiado corta para que seamos egoistas.

Nosotros no perdemos tiempo en la vida;
lo que se pierde es la vida, al perder el tiempo.

Proverbio arabe



Cambiar el mundo
Había una vez un hombre que tuvo un sueño, en el cual Dios le encomendaba una importante misión:

"- Debes cambiar el mundo, para convertirlo en un mundo mejor -", le dijo.

Al día siguiente cuando el hombre despertó, se dijo:

"- Y ahora ¿por dónde empiezo?

¿ Entre todos los países del mundo?,
Pues empiezo con mi país.

¿ Y de todas las ciudades?
Empiezo con la mía.

¿ Y entre todos los barrios?
Pues empiezo con el mío.

¿ Y entre todas las viviendas?
Pues empiezo por mi casa.

¿ Y entre todos los miembros de mi familia?
Pues... empezaré conmigo mismo..."

Desconozco el autor



La conversión de André Frossard

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual LC

André Frossard, pensador francés del siglo XX, había nacido el 14 de enero de 1915 en Colombier-Châtelot (Francia). Su educación fue completamente atea o, mejor, ni siquiera atea: en su ambiente familiar se pensaba que ya era “anticuado” el oponerse a los creyentes, el luchar contra la religión. La religión no tenía ningún valor: no valía ni siquiera para ser combatida...

Su padre, Ludovic Oscar Frossard, con sólo 28 años, había llegado a ser secretario general del Partido socialista francés. A los 30 años, Ludovic se convirtió en el primer secretario general del partido comunista. Luego volvió a las filas del partido socialista, y trabajó en diversos cargos políticos de importancia: parlamentario y, por muy breves periodos de tiempo, también ministro.

André respira y acoge en casa las ideas socialistas y comunistas con la naturalidad de quien cree en todo lo que le dicen sus seres más queridos. Por eso ve extraño lo que hacen los “negros”, es decir, los cristianos que viven en el mundo de su infancia. No comprende por qué rezan tanto, por qué cantan. Sí: en las navidades los “negros” parecían más alegres, pero nada más. En casa Frossard las navidades eran simplemente una fiesta laica, con regalos y comidas especiales, pero sin recordar a nadie, sin tener el más mínimo carácter religioso.

En su región había también numerosos judíos. Pero ni cristianos ni judíos le hablaron nunca de Dios. Para André lo único que existía era una naturaleza que las “izquierdas” esperaban dominar con la ciencia y con el progreso. Lo demás (dioses, religiones) era el pasado, lo extraño, lo enemigo del progreso.

En un escrito autobiográfico (“Dios existe, yo me lo encontré”, p. 26), André refleja cual era su modo de ver el mundo y la vida: “El cielo estaba vacío; la tierra era una combinación de elementos químicos reunidos en formas caprichosas por el juego de las atracciones y de las repulsiones naturales. Pronto nos entregaría sus últimos secretos, entre los que no había en absoluto Dios”. En una fórmula que resume su ateísmo, declara: “Éramos ateos perfectos, de esos que ni se preguntan por su ateísmo... El ateísmo perfecto no era ya el que negaba la existencia de Dios, sino aquel que ni siquiera se planteaba el problema”.

Cuando la carrera política de su padre lleva a la familia a París, André tiene frente a su cama un retrato de Marx. Ese retrato le fascina. Piensa que la ideología de aquel hombre era algo certero, indestructible. Veía el marxismo como una promesa, casi una especie de religión secular, en la que no había un Dios padre y, por lo tanto, en la que los hombres no eran hermanos, sino, simplemente, “camaradas”.

La niñez tranquila de André, su mundo de certezas de “izquierdista” por tradición, empieza a llenarse de problemas. Los estudios van mal, se escapa muchas veces de la escuela, nada parece interesarle de veras, menos un apasionado amor al arte, al dibujo, a las formas arquitectónicas.

Como no tiene la menor idea de lo que sea el pecado, vive la adolescencia con una libertad moral ilimitada, lo cual le permite hacer nuevas experiencias, sin escrúpulos, sin remordimientos. La vida es bella, aunque también hay que ganarse el pan, hay que situarse en el mundo del trabajo... cuando uno no tiene el menor deseo de trabajar.

Su padre habla con él seriamente, y le invita a probar en el mundo del periodismo. André recoge noticias, redacta los primeros artículos. También hace las primeras experiencias como político, y consigue arrastrar a un buen grupo de jóvenes al partido socialista.

Cuando André tiene alrededor de 18 años, inicia una curiosa amistad con un joven mayor que él. Amistad extraña, pues aquel joven de unos 23 años, Willemin, había recuperado la fe después de haberla perdido a los 15 años, y tenía puntos de vista muy diferentes de los del hijo de Ludovic Oscar Frossard.

Se establece entre los dos una profunda simbiosis. André y Willemin discuten, discuten, para ver quién arrastra al otro a su partido. Parece que hay un empate total, pues después de cada conversación los dos mantienen, inamovibles, sus respectivos puntos de vista.

El tiempo pasa, y André ya tiene 20 años. La vida no le resulta desagradable, y las aventuras amorosas le permiten satisfacciones pasajeras e intensas. El verano de 1935, sin embargo, se prepara una sorpresa, algo inesperado, algo extraño.

Es el día 8 de julio. André acaba de conocer a una chica alemana que “promete” una buena aventura amorosa (sin mayores compromisos). Está muy ilusionado y satisfecho con lo que la vida le está dando. Willemin lo invita una tarde a cenar juntos. Antes quiere rezar en una iglesia. Cogen el coche, y vagan por las calles de París.

¿Cuál es el estado de ánimo de André en ese momento de su vida? Según sus palabras, todo “va bien”. “Mi salud es buena; soy feliz, tanto como se puede ser y saberse; la velada se presenta agradable, y espero” (“Dios existe”, p. 151).

Willemin detiene el coche junto a una iglesia. Le pide a André que aguarde unos momentos, que tiene que hacer algo allí dentro. André espera tranquilo, indiferente. El tiempo pasa, y Willemin tarda en salir. Al final, André se decide a entrar para buscar a su amigo, para ver por qué tarda tanto.

Leamos un párrafo de su entrada: “Ateo tranquilo, nada sé evidentemente cuando, cansado de esperar el fin de las incomprensibles devociones que retienen a mi compañero algo más de lo que había previsto, empujo a mi vez la puertecita de hierro para examinar más de cerca, como dibujante, como mirón, el edificio en el que estoy tentado de decir que se eterniza (de hecho, le habría esperado, todo lo más, tres o cuatro minutos)” (“Dios existe”, p. 153).

André está dentro de ese extraño edificio. Observa los detalles arquitectónicos y artísticos de una iglesia neogótica. Busca en la penumbra a su amigo. Observa a un grupo de religiosas que están rezando ante Jesús Sacramentado, y a algunos fieles. Sus ojos escrutan, una y otra vez, para vislumbrar a Willemin.

De repente, algo ocurre, se abre un horizonte inesperado. Le dejamos describir lo que pasó en esos momentos cruciales, decisivos, imprevistos.

“Mi mirada pasa de la sombra a la luz, vuelve a la concurrencia sin traer ningún pensamiento, va de los fieles a las religiosas inmóviles, de las religiosas al altar: luego, ignoro por qué, se fija en el segundo cirio que arde a la izquierda de la cruz. No el primero, ni el tercero, el segundo. Entonces se desencadena, bruscamente, la serie de prodigios cuya inexorable violencia va a desmantelar en un instante el ser absurdo que soy y va a traer al mundo, deslumbrado, el niño que jamás he sido.

Antes que nada, me son sugeridas estas palabras: vida espiritual. No me son dichas, no las formo yo mismo, las escucho como si fuesen pronunciadas cerca de mí, en voz baja, por una persona que vería lo que yo no veo aún.

La última sílaba de este preludio murmurado, alcanza apenas en mí la orilla de lo consciente que comienza una avalancha al revés. No digo que el cielo se abre; no se abre, se eleva, se alza de pronto, fulguración silenciosa, de esta insospechada capilla en la que se encontraba milagrosamente incluido. ¿Cómo describir con estas palabras huidizas, que me niegan sus servicios y amenazan con interceptar mis pensamientos para depositarlos en el almacén de las quimeras?

El pintor a quien fuera dado entrever colores desconocidos, ¿con qué los pintaría? Es un cristal indestructible, de una transparencia infinita, de una luminosidad casi insostenible (un grado más me aniquilaría) y más bien azul; un mundo, un mundo distinto de un resplandor y de una densidad que despiden al nuestro a las sombras frágiles de los sueños incompletos.
Él es la realidad, él es la verdad, la veo desde la ribera oscura donde aún estoy retenido. Hay un orden en el universo, y en su vértice, más allá de este velo de bruma resplandeciente, la evidencia de Dios; la evidencia hecha presencia y la evidencia hecha persona de Aquel mismo a quien yo habría negado un momento antes, a quien los cristianos llaman Padre nuestro, y del que me doy cuenta de que es dulce; con una dulzura semejante a ninguna otra, que no es la cualidad pasiva que se designa a veces con ese nombre, sino una dulzura activa que quiebra, que excede a toda violencia, capaz de hacer que estalle la piedra más dura y, más duro que la piedra, el corazón humano.

Su irrupción desplegada, plenaria, se acompaña de una alegría que no es sino la exultación del salvado, la alegría del náugrafo recogido a tiempo; con la diferencia, sin embargo, de que es en el momento en que soy izado hacia la salvación cuando tomo conciencia del lodo en que, sin saberlo, estaba hundido, y me pregunto, al verme aún con medio cuerpo atrapado por él, cómo he podido vivir allí, respirar allí.

Al mismo tiempo me ha sido dada una nueva familia, que es la Iglesia, que tiene a su cargo conducirme a donde haga falta que vaya; bien entendido que, a pesar de las apariencias, me queda alguna distancia que franquear y que no podría ser abolida más que por la inversión de la gravedad.

Todas estas sensaciones que me esfuerzo por traducir al lenguaje inadecuado de las ideas y de las imágenes son simultáneas, comprendidas unas en otras, y pasados los años no habré agotado el contenido. Todo está dominado por la presencia, más allá y a través de una inmensa asamblea, de Aquel cuyo nombre jamás podría escribir sin que me viniese el temor de herir su ternura, ante Quien tengo la dicha de ser un niño perdonado, que se despierta para saber que todo es regalo” (“Dios existe”, pp. 156-160).

Ha sido un momento breve. André sale a la calle con su amigo, que lo observa con preocupación. “¿Pero qué te pasa”? André responde: “Soy católico...” Willemin está atónito. André sigue: “apostólico y romano”. Willemin no comprende qué ha ocurrido, ve los ojos de André desorbitados, misteriosos. André insiste: “Dios existe, y todo es verdad”.

El milagro se prolonga por un mes. “Cada mañana volvía a encontrar, con éxtasis, esa luz que hacía palidecer el día, esa dulzura que nunca habría de olvidar y que es toda mi ciencia teológica” (“Dios existe”, p. 163). Cuando deja de repetirse el prodigio, André acude a un sacerdote y se instruye sobre las verdades fundamentales de la fe cristiana. Quiere ser bautizado, quiere ser miembro de la Iglesia.

Los familiares no comprenden lo que pasa. Su padre piensa que el hijo se ha vuelto loco. Pide ayuda a un amigo médico, socialista y ateo, para que haga un diagnóstico. El médico va a casa y conversa con André, sin dar a entender de que lo está interrogando. Después ofrece el diagnóstico a Ludovic Oscar: su hijo está bajo los efectos de la “gracia”. Es algo no muy peligroso, algo por lo que no hay que inquietarse demasiado. Quizá todo pasará (llegará la “curación”) después de unos dos años.

La historia fue otra. André Frossard conservó vivo, fresco, el recuerdo de ese encuentro, de esa presencia de un Dios dulce, bueno, misericordioso. Algunos amigos creyentes le avisaron de que tal vez pasaría su gozo, de que su Navidad de ahora debería ser purificada.

André pensaba que esto nunca ocurriría. Pero se equivocó. Llegó el momento de la prueba, las lágrimas llamaron a su familia. “Hubo un Viernes Santo y hubo un Sábado Santo, silencio donde muere un grito” (“Dios existe”, p. 166).

La prueba, sin embargo, no destruye la certeza nacida de la experiencia, del encuentro: Dios es amor. El testimonio de André Frossard termina con una frase breve, lacónica, expresiva al máximo, que en cierto modo recoge la experiencia que cambió su vida: “Amor, para llamarte así, la eternidad será corta”.

(Los textos han sido tomados de la siguiente versión española: André Frossard, “Dios existe. Yo me lo encontré”, Rialp, Madrid 1990, 13ª edición. André Frossard falleció el 2 de febrero de 1995. Es conocido por su amistad con los Papas Pablo VI y Juan Pablo II).



Edimar: siempre es posible cambiar
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual LC

Edimar Alves de Madeiro es un chico de la calle, un “menino da rua”. Había nacido en
Taguatinga (Brasil) el 2 de septiembre de 1977. En 1989 se trasladó, con la familia, a Samambaia, una ciudad satélite de los alrededores de Brasilia.

A la pobreza de la zona (falta casi todo, también electricidad y alcantarillado) se suma el difícil ambiente familiar. Su padre, alcohólico, golpea a la esposa y a los hijos, y no se preocupa para nada de sus deberes familiares. Edimar termina por dejar su casa para vivir, como tantos otros niños, en la calle.

Se reúne con una banda de amigos: Leandro, Sergio, Iván y Andreia. Con el tiempo contacta con Tiâo, un delincuente que gana la confianza de Edimar hasta el punto de acogerlo en su casa. Tiâo a veces va a la cárcel, y le toca a Edimar robar para mantener a su “familia” adoptiva y para pagar los gastos legales. Por este tiempo, Edimar se introduce en la vida de la droga: diariamente consume una pasta de cocaína o de marihuana...

La vida de banda y de robos no impide a Edimar el ir a la “escuela”, un lugar casi sin paredes y, gracias a Dios, con profesores. En la “escuela” enseñan Gloria y Sêmea, dos profesoras que ganan, poco a poco, la confianza de los chicos. Desde 1993, Sêmea organiza actividades los sábados, para tenerlos ocupados en juegos sanos y evitar así los peligros de las bandas.

Gloria fue la primera en ganarse algo de confianza de Edimar. Sêmea, en cambio, lo había regañado por haber entrado en clase para pegar a otro compañero. En esa ocasión, los demás chicos se asuntaron. Avisaron a Sêmea que Edimar era un delincuente, que era peligroso. Sêmea, sin embargo, no tuvo miedo, y empezó a conquista el cariño del muchacho.

Al fin, Sêmea consigue que Edimar (tiene ya 15 años) participe en una “Escuela de comunidad” donde puede enseñarle algunos principios para vivir de modo correcto. Edimar trae al grupo a algunos de sus amigos de banda, y empieza a cambiar poco a poco. Incluso prohíbe a Leandro (que es un año menor que él) que tome drogas...

Pero es un cambio lento. Edimar no deja su vida de robos y de droga, y sigue bajo la autoridad de Tiâo. Sêmea piensa, entonces, que sería bueno ofrecer algo más serio: invita a Edimar a un campamento de vacaciones organizado por estudiantes de Comunión y Liberación.

Así, a finales de 1993, Edimar va a Miguel Pereira (estado de Rio de Janeiro) con su profesora. Al inicio mantiene una actitud de reserva y recelos. Luego, empieza a juntarse con los otros chicos, juega, ríe, baila. Su estabilidad interior parece crecer por el hecho de dejar de tomar, durante esos días, las drogas a las que está acostumbrado.

Hay alguien en el campamento que impresiona mucho a Edimar: el padre Marcos, un sacerdote que todo el día está con los chicos, que ríe y que juega con ellos. Edimar lo busca y lo interroga: ¿qué es eso de ser cura? ¿Y no hay mujeres? ¿Es posible vivir así, de un modo tan “extraño”?

Edimar descubre que existe otra manera de vivir. A sus amigos les dice un día: “también yo quiero ser cura”. Le miran con asombro, se burlan un poco de él; pero lo ven decidido y piensan que está hablando en serio.

Cuando hay misa, Edimar quiere ponerse en la fila para la comunión, pero el padre Marcos le aconseja esperar. Un día pueden hablar con más calma. Edimar le dice al padre que ha hecho todo tipo de pecado imaginable. El padre Marcos le sugiere que entonces habría que pedir perdón a Dios. El chico pregunta: “¿Dios me perdonará?” El padre le invita a la confesión, y el perdón llega a un Edimar sorprendido, admirado: está descubriendo que Dios es Amor y que perdona todo, todo, absolutamente todo...

El campamento ha terminado. Corre el año 1994, y se nota más atención en Edimar en la escuela y mejores resultados. Sigue en la banda, pero el cambio es cada vez más profundo. Decide dejar la droga y empieza a leer la Biblia. Pero siente fuerte la dependencia del jefe, de la banda, de una vida que se mueve en la ilegalidad, en el delito. No es fácil romper con un pasado tan dramático.

Los hechos se suceden con rapidez. En una ocasión, Edimar es encarcelado, pero con las “gestiones” de Tiâo lo liberan en seguida. En otra ocasión, Edimar rompe una botella y amenaza a una chica de la clase. Tiene que intervenir Sêmea para calmar la rabia del muchacho. Varios días después, Edimar pide perdón, ante la sorpresa de sus compañeros.

El 29 de julio de ese año 1994, Edimar le dice un día a su mejor amigo, Leandro: ya no quiero volver a robar. Está decidido a romper del todo con su pasado, a dejar la banda, a cambiar de vida. Sêmea le había ofrecido la posibilidad de salir de la ciudad y ser adoptado por una familia. Edimar habla con ella: quiere aceptar. Si todo va bien, el día 31 de julio podría dejar Samambaia para iniciar una nueva etapa.

Pero explota una desgracia inesperada. Ahora, precisamente ahora, que Edimar está a punto de romper con su pasado. La tarde del 30 de julio se celebra el cumpleaños de Leandro. Los amigos (Edimar incluido) tienen una fiesta. Aparece por unos momentos Tiâo, que luego se retira.

Pasan las horas, y llega la noche. Los chicos encienden una hoguera en la calle, y siguen el festejo. Tiâo regresa armado, y algo alterado, pues acaba de tomar droga. En ese momento, pasa un coche con Regis, jefe de una banda rival. Tiâo, entonces, da la pistola a Edimar y le ordena: mátalo. Edimar se niega. Entonces Tiâo le dice: o matas a Regis o entonces tendrás que matarme a mí. Edimar vuelve a dar una negativa, y le devuelve el arma.

Edimar hace un gesto de retirarse, quiere dejar el grupo. Tiâo, entonces, dispara y le alcanza en el cuello. Edimar cae sobre el fuego, mientras los demás chicos gritan y quieren detener a Tiâo, pero éste vuelve a disparar varias veces al herido. Edimar muere, mientras lo trasladan al hospital, en la madrugada del 31 de julio.

La historia podría haber terminada así, en su simple dramaticidad, como un absurdo casi sin sentido. Pero no ha terminado. Ni puede terminar. En el dramático mundo de Samambaia, algunos amigos de la banda de Edimar, impresionados por su ejemplo, cambian de vida. Poco tiempo después, una serie de iniciativas sociales y educativas giran en torno a su nombre y a su historia, en Brasil, en Italia, en Africa, en Rumania, y llegan así a las vidas de otros muchos “chicos de la calle” que necesitan un poco de compañía y de afecto para ser rescatados del mundo del delito.

Edimar quedó profundamente impresionado cuando supo que Dios amaba y perdonaba. Habrá quedado mucho más sorprendido al encontrarse con ese Dios que no puede olvidarse de ninguno de sus hijos, que acoge a todos con infinito amor, que repite hoy, como hace dos mil años, “no he venido a salvar a los justos, sino a los pecadores”. Edimar, al descubrir el Evangelio, al recibir la ayuda de católicos convencidos, empezó a cambiar en serio, empezó a vivir de un modo nuevo. Hasta negarse a cometer una injusticia, hasta ser sacrificado por romper con el mal. Hasta decir, con su no al delito, un sí convencido al amor que debe ser el distintivo del cristiano.

(Una breve historia de Edimar, elaborada a partir de entrevistas a sus conocidos y a las profesoras Gloria y Sêmea, ha sido publicada recientemente: Juliana P. Pérez - Raffaella Zardoni, Edimar. Un encuentro de gracia en la roja tierra de Brasil, Suplemento a la revista Huellas, Madrid, diciembre 2004).



La “ceguera” del amor
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual LC

Una frase repetida mil veces llena a fijarse en los corazones como una verdad inconmovible. También cuando esa frase encierra una inexactitud, un error o una mentira.

“El amor es ciego”. Lo repetimos una y otra vez. Pero más de uno ha alzado la voz, se ha rebelado contra estas cuatro sencillas palabras.

André Frossard es uno de esos rebeldes. En su obra “Dios existe, yo me lo encontré” (p. 30), exclama: “¿Quién dijo que el amor es ciego? Es el único que ve bien: descubre bellezas donde nada ven otros”.

En cada realidad, en cada rincón de nuestro mundo inquieto, hay mil bellezas escondidas. Muchos no las ven. Pasan (pasamos) con prisas entre los cipreses, los jilgueros y los ríos. Corremos por las calles sin fijarnos en las palomas o las nubes. Cerramos los ojos a tantos rostros que nos parecen indiferentes, fríos, fugaces, tal vez hostiles o apáticos.

“El amor descubre bellezas...” Desde el amor, una madre sabe lo hermoso que es ese hijo al que los profesores consideran un incorregible peligroso. O lo que vale ese otro hijo siempre enfermo, siempre pálido, incapaz de mantenerse en pie por esos dolores que son más profundos en la madre que en el hijo.

Desde el amor un hijo aprecia a sus padres ancianos. Aunque no puedan valerse por sí mismos, aunque las arrugas hayan deformado aquellos rostros siempre tan alegres, aunque las circunstancias de la vida hagan que el hijo y los padres vivan separados por mares, montañas y fronteras.

Desde el amor arranca esa “manía” o locura que permite el que un chico y una chica se amen para siempre, digan sí al matrimonio. Aunque algún observador externo no comprenda por qué se quieren, si él o ella parece tan feo, tan pobre o tan miserable... Los dos han descubierto tesoros escondidos, tesoros que valen por sí mismos, tesoros por lo que dejan todo para vivir con él, con ella, unidos siempre, sin reservas, sin miedos.

Desde el amor se comprende por qué Dios mira a los hombres y los trata con cariño. Por qué envía la lluvia sobre buenos y malos, por qué cuida de los niños y los ancianos, por qué ofrece una nueva oportunidad a ese pecador empedernido.

Quizá hoy nos hemos vuelto un poco ciegos, no porque “amamos demasiado”, sino precisamente porque hemos dejado de amar. Necesitamos recuperar una vista que nos haga descubrir mil tesoros escondidos, que nos haga conocer al que vive a nuestro lado.

A ese, precisamente a ese, que parece tan molesto o tan herido. A ese que, bajo su imagen pobre o su carácter díscolo, esconde un corazón muy rico, que empezará a brillar si, con amor, es descubierto, es visto, y empieza también él a mirar a quien le trata con afecto. Con toda su riqueza eterna, con el cariño que sobre él vuelca, cada día, Dios que es siempre un Padre bueno. Tan bueno que, para alguno, parece un poco ciego, cuando en realidad es el que mejor ve, el que más conoce lo que hay allí, dentro, en lo más profundo de cada uno de sus hijos.

P. Fernando Pascual LC



PARA REFLEXIONAR**(CON LAS FOTOGRAFÍAS)
Este e-mail e historia me lo envió un querido amigo y no solo me conmovió hasta lo mas profundo, sino que se adecua perfectamente a lo que yo sigo como temas de reflexión: "El vivir quejándonos.

Así que deseo compartir este tema contigo.

Cuantas veces te quejas de lo que no tienes o de lo que te hace faltas?
Cuantas veces te has sentido la persona mas desdichada de la tierra?
Cuantas veces has creído que lo que te sucede es lo peor del mundo y que no mereces lo que te sucede?
Cuantas veces has dicho o pensado que la vida y Dios es injusto contigo?
Cuantas veces hastiado/a de todo y a pesar de tener salud y estar entero/a has pensado en acabar con tu vida?
Cuantas veces te has dado por vencido/a?
Cuantas veces has abandonado tus metas y proyectos por no sentirte capaz?
Cuantas veces te has dicho en la vida no puedo? A mi personalmente me a pasado muchas veces.

Este ejemplo de vida que veras a continuación, nos demuestra a todos los que hemos nacido enteros que todo en la vida se puede con la ayuda de DIOS.
La Inspiración viviente.

¡Mi nombre es Nick Vujicic y yo le doy la Gloria a Dios. Él ha usado mi testimonio para tocar miles de corazones alrededor del mundo! Yo nací sin mis extremidades y los doctores no tienen ninguna explicación médica para este "defecto de nacimiento". Como podrás imaginar, yo me enfrenté con muchos desafíos y obstáculos.

Debemos contar nuestras heridas, dolores y luchas ¿como nada más que pura alegría? Cuando mis padres eran Cristianos y mi Papá incluso Pastor de nuestra iglesia, ellos supieron sin embargo, en la mañana del 4 de Diciembre de 1982 en Melbourne (Australia), las últimas dos palabras en sus mentes eran" la Alabanza a Dios"!. Su hijo primogénito nació sin extremidades! No había ninguna advertencia a tiempo.

Los doctores se asustaron y no tenían ninguna respuesta. No hay todavía ninguna razón médica para que esto hubiera pasado. Nick tiene un Hermano y una Hermana que simplemente nacieron como cualquier otro bebé.

La iglesia entera lamentó mucho la forma de mi nacimiento y mis padres estaban muy tristes. Todos nos preguntamos, "Si Dios es un Dios de Amor, ¿entonces por qué Dios permitiría que algo malo nos pase a cualquiera de sus hijos?". Mi Papá pensó que yo no sobreviviría por mucho tiempo, pero las pruebas demostraban que yo era un muchacho saludable sólo que sin extremidades.

Mis padres tenían la fuerte preocupación y los miedos evidentes por el tipo de vida que yo sería capaz de llevar. Dios les proporcionó la fuerza, sabiduría y valor a través de esos tempranos años y poco después que yo tenía la edad suficiente para ir a la escuela.

La ley en Australia no me permitió ser integrado en una escuela de la calle principal debido a mi incapacidad física. Dios hizo los milagros y le dio la fuerza a mi Mamá de luchar para que la ley fuera cambiada. Yo era uno de los primeros estudiantes inválidos en ser integrados en una escuela de la calle principal.

Me gustó ir a la escuela, y simplemente intenté vivir la vida como todos los demás, pero estaba en mis primeros años de escuela dónde encontré muchas ocasiones de sentirme rechazado, sentirme raro y todo debido a ser diferente. Mi físico era muy difícil para acostumbrarme a ello, pero con el apoyo de mis padres, yo empecé a desarrollar las actitudes y valores que me ayudaron a superar estos tiempos desafiantes. Supe que era diferente pero en el interior yo me sentía simplemente como todos los demás.

Había muchas veces cuando yo me sentía tan deprimido que no quería ir a la escuela, sólo para no enfrentar las situaciones negativas. Mis padres me animaron a ignorarlos y distinguir a los verdaderos amigos por lo que solo conversaba con pocos niños. Pronto el resto de los estudiantes comprendieron que simplemente era como ellos y con la ayuda de Dios me bendijo con muchos nuevos amigos.

Había ocasiones cuando yo me sentía muy deprimido y enfadado porque yo no podía cambiar la forma como era, o reprocharme por ese motivo, fui a la Escuela del domingo y aprendí que Dios nos ama todos y que Él nos quiere como somos. Pero no entendía que si Dios me amaba por qué me hizo de esta manera, si soy su imagen y semejanza, porque yo soy así y no como Él? Es porque yo hice algo malo? Pensaba que de todos los niños de la escuela, yo soy el único raro. Me sentía como si fuera una carga para aquéllos que me rodeaban. Quise acabar mi dolor acabando con mi vida cuando era mas joven, pero una vez más agradezco a mis padres y familia que siempre estaban allí, para confortarme y darme fuerza.

"Sabemos también nosotros que todas las cosas contribuyen al bien de los que aman a Dios, de aquellos, digo, que El ha llamado según su decreto para ser santos ". (Romanos 8:28)

Este verso habló directo a mi corazón y me declaró señalado al punto que sé, que no hay ningún tipo de suerte, oportunidad o coincidencia como estas cosas que pasan en nuestra vida.

Sentía una paz completa de que Dios no permitirá que nada nos pase en nuestra vida a menos que Él tenga un proposito bueno. Yo di mi vida completamente a Cristo a la edad de quince años después de leer a Juan 9. Al pasar vio Jesús a un ciego de nacimiento y sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿que pecados son la causa de que este haya nacido ciego, los suyos o los de sus padres? Respondió Jesús: No es por culpa de éste, ni de sus padres; sino para que las obras del poder de Dios resplandezcan en el ". Creí de verdad que Dios me sanaría para que yo pudiera ser un gran testimonio de Su Poder. Imponente, yo me di la sabiduría para entender que si nosotros oramos para algo, si es la voluntad de Dios, pasará en su hora. Si no es voluntad de Dios no pasará, pero yo sé que Él nos tiene un bien mayor.

Yo tengo un ardiente deseo por extender la mano a la juventud y siempre estoy disponible para cualquier cosa que Dios quiere que haga y a dondequiera que Él me lleva, yo le sigo.


Tengo muchos sueños y metas que me he fijado para entender el proposito de mi vida. Quiero volverme el mejor testigo del Amor de Dios y puedo esperar, para volverme un portavoz de la inspiración internacional.

Quiero ser financieramente independiente para cuando tenga 25 años, a través de inversiones de bienes raíces, para modificar un automóvil y yo manejarlo y ser entrevistado para compartir mi historia en la" Muestra Oprah Winfrey "! Escribir varios libros de éxito ha sido uno de mis sueños y espero terminar de escribir el primero a finales del año. ¡Se llamará" Ningún Brazo, Ninguna Pierna, Ningún Cuidado"!

Creo que si tu tienes el deseo y la pasión para hacer algo, y si es la voluntad de Dios, tu lograrás cambiar las cosas en tu vida. Como seres humanos, nosotros ponemos los límites continuamente en nosotros, algo que por ninguna razón debe ser. Pero lo que es peor es estar poniendo los límites en Dios que puede hacer todas las cosas.

Nosotros pusimos a Dios en una" caja". Lo importante sobre el Poder de Dios, es que si nosotros queremos hacer algo para El, en lugar de enfocarnos en nuestra capacidad, debemos concentrarnos en nuestra disponibilidad porque sabemos que es Dios a través de nosotros y nosotros no podemos hacer nada sin El. ¿Una vez que estemos disponibles para el trabajo de Dios, con que capacidades contamos? ¡Solamente con las de Dios!



El jardín florido- Autor Desconocido -

En un lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, había un hermoso jardín con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.

Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste.

El pobre tenía un problema: ¡No sabía quién era!

Lo que le faltaba era concentración, -le decía el manzano- "Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosísimas manzanas, ¡mira qué fácil es!".

"No lo escuches" -exigía el rosal- "Es más sencillo tener rosas y ¡mira qué bellas son!"

Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:

"No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la Tierra. Yo te daré la solución...

No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas.

Sé tú mismo, conócete... y para lograrlo, escucha tu voz interior."

Y dicho esto, el búho desapareció.

"¿Mi voz interior?... ¿Ser yo mismo?... ¿Conocerme?..." Se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió.

Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:

"Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal.

Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso.

Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje...

Tienes una misión: ¡Cúmplela!"

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo, y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado.

Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos.

Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

Yo me pregunto al ver a mi alrededor:

¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer?...

¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas?...

¿Cuántos, naranjos que no saben florecer?

En la vida, todos tenemos un destino que cumplir y un espacio que llenar.

No permitamos que nada ni nadie nos impida conocer y compartir la maravillosa esencia de nuestro ser. ¡Nunca lo olvides!



LA FUERZA DEL AMOR
El núcleo del amor es la fuerza,
el valor que mostramos para luchar

por lo que amamos,
la fortaleza para defender lo que

más apreciamos,
enfrentar desafíos, superar barreras,

derribar obstáculos.

Cuando el amor es auténtico surge
con la fuerza de la audacia,
el atrevimiento, la osadía que nos lanza
a correr riesgos para
conquistar lo que amamos; es
en esa entrega sin condiciones
donde surgen fortalezas donde antes no las había.

El amor nos da el valor de:
Luchar por nuestros sueños.
Dar la vida por los que llevamos en el corazón.
Modificar nuestra propia existencia.
Cambiar nuestro ser.
Rebasar el límite de nuestras potencialidades.

El amor nos da la fuerza:
Para respetar a los seres que amamos.
Para sonreír a pesar de las adversidades.
De la humildad para pedir perdón.
La grandeza de la comprensión.
La nobleza de perdonar.

El amor nos da el poder:
Para manifestar nuestras emociones.
Para alcanzar estrellas.
Para convertir nuestros sueños en realidades.
Entregar nuestra vida por un ideal.

El amor nos transforma en seres superiores,
nos despierta nuestra capacidad de asombro,
nos da la sensibilidad de la contemplación,
nos impulsa a niveles infinitos,
nos da la fuerza para recorrer nuestra
vida con un espíritu invencible
y nos impulsa a alcanzar lo imposible.

El amor es la fuerza que Dios deposita
en el corazón de todos los seres humanos,
a cada uno corresponde decidir vivir
como un paladín o un cobarde,
como un conquistador o un conformista,
como un ser excelente o un mediocre,
como un ser lleno de luz
o quien permanece por siempre en la oscuridad,
el amor hace nacer la fuerza para atrevernos
a ser auténticos colaboradores
en la grandeza de la creación.

Pregúntate:
Si de verdad amas,
¿estás luchando con todas tus fuerzas
para conquistar lo que deseas?
El valor para luchar por tus hijos.
Cuidar de tus padres.
Hacer feliz a ti mismo.
Conceder el perdón a tu enemigo.
Pedir humildemente perdón
a quien ofendiste.

Pregúntate:
¿Tienes la fuerza para amarte a ti mismo,
de convertirte en el ser que
estás
llamado a ser?
¿Te atreverías a hacer de tu vida una
obra magistral digna de las manos
que te crearon?
¿Tendrás el valor de ser un auténtico hijo de Dios?
¿Tienes la fuerza del amor?

(Desconozco su Autor)



VIVIR COMO LAS FLORES
Maestro, ¿qué debo hacer para no quedarme molesto? Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes. Algunas son indiferentes. Siento odio por aquellas que son mentirosas y sufro con aquellas que calumnian.

- ¡Pues, vive como las flores! Advirtió el maestro.

- Y ¿cómo es vivir como las flores? Preguntó el discípulo.

- Pon atención a esas flores -continuó el maestro, señalando unos lirios que crecían en el jardín. Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas.

Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos. Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no es sabio permitir que los vicios de los demás te incomoden. Los defectos de ellos son de ellos y no tuyos. Y si no son suyos, no hay motivo para molestarse. Ejercita pues, la virtud de rechazar todo el mal que viene desde afuera.

Esto, es vivir como las flores.

La Imitación Es Limitación.



En realidad: ¿Qué deseamos?
Cuando el hombre se cansa de sufrir es el momento ideal para despertar.

Buda dice: "El mundo está lleno de deseos, que generan sufrimientos”.

La raíz del sufrimiento es el deseo.
Si se desea arrancar esa clase de dolor, se tendrá que arrancar el deseo."

La palabra "deseo", en español, abarca deseos buenos, que son estímulos de acción, y deseos estériles, que a nada conducen y son apegos.
La base del sufrimiento es el apego, el deseo.

En cuanto se desea una cosa compulsivamente y se ponen todas las ansias de felicidad en ella, uno se expone a la desilusión de no conseguirla.

Donde no hay deseo-apego, no hay miedo, porque el miedo es la cara opuesta del deseo, y es inseparable de él.

Sólo es eterno lo que se basa en un amor libre de apegos.

Los deseos nos encarcelan en las celdas de nuestros apegos y siempre nos vuelven vulnerables.
Donde hay verdadero amor no hay deseos y por lo tanto no existe ningún miedo.

Si se ama de verdad sin los cristales de los deseos, se vera a todos como son, y no como desearíamos que fuesen, y así se amara con la libertad del desapego, sin miedo a que nos fallen, a que se alejen, a que no nos quieran.

“Porque en realidad, ¿qué deseamos? ¿Amar a esa persona tal cual es, o a una imagen que no existe?"

En cuanto podamos desprendernos de esos deseos-apegos, podremos amar de verdad.
Las personas inseguras no desean la felicidad de verdad; porque temen el riesgo de la libertad y, por ello, prefiere la droga de los deseos.

Con los deseos vienen el miedo, la ansiedad, las tensiones y..., por descontado, la desilusión y el continuo sufrimiento.

¿Cuánto dura el placer de creer que se ha conseguido lo que se deseaba?

El primer sorbo de placer es un encanto, pero va prendido irremediablemente al miedo a perderlo, y cuando las dudas se apoderan de nosotros, sobreviene la tristeza.

La misma alegría y exaltación que se siente cuando llega un ser querido, es proporcional al miedo y al dolor de cuando se marcha... o cuando se espera y no viene, por lo tanto ¿Vale la pena?

Donde hay miedo no hay amor.

Tanto el Amor como el miedo son los dos extremos equidistantes en la línea de la Ley de la Polaridad.

Van siempre juntos de la mano, son las dos caras de una misma moneda. Gracias al estudio y la posterior aplicación de la ley de la Polaridad se puede polarizar la situación cultivando su opuesto y ser libres de elegir concientemente nuestras decisiones desde el sublime Amor y no desde el miedo que genera el apego.

Cuando se despierta del sueño y se ve la realidad tal cual es, la inseguridad termina y desaparecen los miedos, porque la realidad siempre es y nada la cambia.

¿Qué hacemos cuando escuchamos una sinfonía?

Oímos cada nota, nos deleitamos en ella y la dejamos pasar, sin buscar la permanencia de ninguna de ellas, pues en su fluir está la armonía, siempre renovada y siempre fresca, en el amor, sucede lo mismo.

En cuanto nos enganchamos con la permanencia destruimos toda la belleza del amor.

No hay pareja ni amistad que esté tan segura como la que se mantiene libre de apegos.

El apego mutuo, el control, las promesas y el deseo, conducen inexorablemente a los conflictos y al sufrimiento y, de ahí, a corto o largo plazo, a la ruptura porque los lazos que se basan en los deseos son muy frágiles.

Sólo es eterno lo que se basa en un amor libre de las ataduras del apego.
Los deseos vuelven al hombre vulnerable.



Si alguna vez...Si Alguna Vez...

Si alguna vez sientes la soledad y no sabes qué hacer, mira al cielo y busca una estrella, así nunca más la sentirás, pues tendrás a tu alrededor a millones de estrellas que son esas personas que sintieron lo mismo que tú.

Si alguna vez sientes ganas de llorar, llora.
Deja salir tus lágrimas y con ellas todas las cosas que te hacen sentir mal; no dejes que se acumulen en tu ser, porque sólo darán paso a otro tipo de sentimientos que te hieren aún más.

Si alguna vez te sientes mal contigo, busca en lo más profundo de tu ser.
Date cuenta de que nadie es perfecto, tampoco tú, pero aun con todos tus defectos y cualidades, eres una persona única en el universo. Por eso eres especial.

Si alguna vez sientes que nadie te quiere, olvídalo, pues eso no es cierto; si te encuentras en esta tierra porque alguien allá arriba lo quiso así, Él te hizo una persona única y especial, porque te ama y nunca te abandona.

Porque eres lo máximo para Él; pero, además de Él, hay personas a tu alrededor que te quieren, aunque a veces estamos ocupados en nuestros problemas y no les abrimos las puertas de nuestro corazón para que nos lo demuestren.



LA HORMIGA Y EL LIRIO

Era un dia hermoso, bello, soleado y en un florido parque...vivia una vez una hormiguita, como toda buena hormiga era trabajadora y servicial. Se la pasaba acarreando hojitas de día y de noche. casi no tenía tiempo para descansar. Y así transcurría su vida, trabajando y trabajando.

Un día fue a buscar comida a un estanque que estaba un poco lejos de su casa, y para sorpresa al llegar al estanque vio como un botón de lirio se abría y de él surgía una hermosa y delicada florecita. Se acercó...

- Hola. ¿quién eres...? La florecita contestó: - Soy un lirio. -¿Sabes que eres muy bonito?, dijo la hormiguita. -Gracias. Tú eres muy simpático, ¿qué eres...?
- Soy una hormiga. Gracias también.

Y así la hormiguita y el lirio siguieron conversando todo el día, haciéndose grandes amigos. Cuando iba a anochecer la hormiga regresó a su casa, no sin antes prometer al lirio que volvería al día siguiente. Mientras iba caminando a casa, la hormiga descubrió que admiraba a su nuevo amigo.

que lo quería muchísimo y se dijo: - Mañana le diré que me encanta su forma de ser, mañana.

Y el lirio al quedarse solo se dijo: - Me gusta la amistad de la hormiga, mañana cuando venga se lo diré.

Pero el día siguiente la hormiguita se dio cuenta de que no había trabajado nada el día anterior. Así que decidió quedarse a trabajar y se dijo: - Mañana iré con el lirio. Hoy no puedo, estoy demasiado ocupada, mañana le diré que lo extraño.

Al día siguiente amaneció lloviendo, y la hormiga no pudo salir de su casa y se dijo: - Que mala suerte, hoy tampoco veré al lirio. Bueno, no importa, mañana le diré todo lo especial que es para mí.

Y al tercer día la hormiguita se despertó muy temprano y se fue al estanque, pero al llegar encontró al lirio en el suelo, ya sin vida. La lluvia y el viento habían destrozado su tallo. Entonces la hormiguita pensó: - Que tonta fui, desperdicié demasiado tiempo; mi amigo se fue sin saber todo lo que lo quería... en verdad me arrepiento.

Y así fue como ambos nunca supieron lo importante que eran.

No esperes el final de tu vida para arrepentirte. No esperes el mañana para soñar, y por ningún motivo dejes de decirle a una persona que la quieres!



HAY REGALOS QUE NO TE CONVIENE RECIBIR
Autor desconocido

Era un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo. Al terminar la clase, ese día de verano, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio, se le acercó uno de sus
alumnos y en forma desafiante le dijo:

-Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de verle esa cara aburridora.

El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado. El profesor miró al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó:

-¿Cuándo alguien te ofrece algo que no quieres, lo recibes?

El alumno quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta.

-Por supuesto que no. Contestó de nuevo en tono despectivo el muchacho.

-Bueno, prosiguió el profesor, cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso una emoción de rabia
y rencor, que puedo decidir no aceptar.

-No entiendo a qué se refiere. Dijo el alumno confundido.

-Muy sencillo, replicó el profesor, tú me estás ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo, y yo, mi amigo, en
verdad, prefiero obsequiarme mi propia serenidad muchacho, concluyó el profesor en tono gentil, -tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa, yo no puedo controlar lo que tu llevas en tu corazón pero de mí depende lo que yo cargo en el mío. Cada día en todo momento, tu puedes escoger qué emociones o sentimientos quieres poner en tu corazón y lo que elijas lo tendrás hasta que tu decidas cambiarlo.

Es tan grande la libertad que nos da la vida que hasta tenemos la opción de amargarnos o ser felices.




“Saber, Osar, Hacer y Callar”

Saber es conocer la Verdad.

Osar es emplear la fe.

Hacer es proceder en la mejor forma que conoces.

Callar es mantener silencios respecto a tus sentimientos, tus deseos y tus necesidades y con respecto a tus manifestaciones, que no se conozcan por ti.

No periquees porque es vana gloria. Cuando se empieza a discutir y comentar frente a otros que no están afines (o están en escala inferior del saber) disipan la fuerza y dan mal ejemplo. La persona que se vuelve paleta de revolver puede hacer más daño en una hora, que todo lo que te puedas imaginar.

“Yo Soy la Presencia de toda orden que doy, cumpliéndola, llenándola”

Paola Wlack



EL PÁJARO HERIDO

¿Cómo te sientes hoy?

- ¿Te sientes como un pájaro herido por la vida, porque cuando
emprendiste el vuelo, te dispararon antes de llegar? ¿Porque cuando
cerraste los ojos para buscar la luz, se te llenaron de lágrimas?
¿Porque cuando te sentaste al borde del camino, viste pasar a mucha
gente y ninguna se fijó en ti?

- ¿Eres un pájaro herido porque el amor que era tu mundo se
desplomó de golpe, y el nido se te quedó vacío, el corazón hueco y
las cosas sin sentido?

- ¿Eres un pájaro herido porque aquellas palabras injustas y
duras se te metieron en el pecho con más fuerza que una bala
explosiva?

- ¿Eres un pájaro herido porque la tierra sin aguas se volvió
sequía, la semilla sin fruto se volvió cáscara y el jardín sin
flores se volvió aridez, y esos sueños llenos de esperanza se te han
caído por tierra?

- ¿Estás herido porque has tenido un derrumbe, porque el camino
sin el rumbo que querías, se te ha vuelto pesado; y sin la luz que
te alumbraba, se te ha vuelto gris, y el deber se te ha hecho
fatigoso, el tiempo interminable, y la vida lágrima, y la lágrima
soledad, y la soledad vacío?

Eres un pájaro herido; pero estás vivo. Todavía puedes resurgir,
despegar, volar y reconstruirte. Eres un pájaro herido por la vida,
pero no encerrado en una jaula, no atrapado por una imposición, no
sujeto por algo irremediable. Tienes alas que te pertenecen y toda
la inmensidad para volar. Tienes a tu disposición una sonrisa para
sembrarla en el dolor, dulzura para la resignación, acatamiento para
la rebeldía, paz, aceptación y serenidad, para tu alivio y tu
desconsuelo.

desconozco el autor




¡¡¡SIGO APOSTANDO A LA VIDA!!!

A pesar de que se duermen
mis sentidos por rutina.
A pesar de esa apatía
que bosteza enmohecida.
A pesar de muchas broncas
que quedaron escondidas.
A pesar de mis fracasos,
mis pecados, mis caídas.
A pesar ya de ilusiones
que están por siempre dormidas,
y de fantasmas internos
prendidos de mis pupilas.
A pesar de que me invento
muchas veces la sonrisa.
A pesar de que me trague
mis verdades, mis mentiras.
A pesar de mis defectos,
de mi cólera, de mi ira,
de mis eternos miedos
que desde mi alma silban,
y que viva disfrazando
mis pequeñas cobardías.
A pesar de mi pasado
que me espía a escondidas.
A pesar de mis angustias
que rasguñan mis costillas.
A pesar de mi energía
que se agota, se termina,
y del paso de los años,
de mis luchas, mis heridas...
A pesar de todo eso...

¡¡¡SIGO APOSTANDO A LA VIDA!!!

Desconozco su autor






DESDE LOS AFECTOS

Como hacerte saber que siempre hay tiempo,

Que uno solo tiene que buscarlo y dárselo,

Que nadie establece normas salvo la vida,

Que la vida sin ciertas normas pierde forma,

Que la forma no se pierde con abrirnos,

Que abrirnos no es amar indiscriminadamente,

Que no está prohibido amar,

Que también se puede odiar,

Que el odio y el amor son afectos,

Que la agresión porque si, hiere mucho

Que las heridas se cierran,

Que las puertas no deben cerrarse,

Que la mayor puerta es el afecto,

Que los afectos nos definen,

Que definirse no es remar contra la corriente,

Que no cuanto más fuerte se hace el trazo mas se dibuja,

Que buscar un equilibrio no implica ser tibio,

Que negar palabras implica abrir distancias,

Que encontrarse es muy hermoso,

Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida,

Que la vida parte del sexo,

Que el "porque" de los niños tiene un porque,

Que querer saber de alguien no es solo curiosidad,

Que querer saber todo de todos es curiosidad malsana,

Que nunca está de más agradecer,

Que la autodeterminación no es hacer las cosas solo,

Que nadie quiere estar solo,

Que para no estar solo hay que dar,

Que para dar debimos recibir antes,

Que para que nos den debemos saber como pedir,

Que saber pedir no es regalarse,

Que regalarse es, en definitiva, no quererse,

Que para que nos quieran debemos demostrar que somos,

Que para que alguien sea hay que ayudarlo,

Que para ayudar hay que saber alentar y apoyar

Que adular no es ayudar,

Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara,

Que las cosas cara a cara son honestas,

Que nadie es honesto porque no roba,

Que el que roba no es ladrón por placer,

Que cuando no hay placer en las cosas, no se está viviendo,

Que para sentir la vida no hay que olvidarse que existe la muerte,

Que se puede estar muerto pero en vida,

Que se siente con el cuerpo, con el alma y con la mente,

Que con los oídos se escucha,

Que cuesta ser sensible y no herirse,

Que herirse no es desangrarse,

Que para no ser heridos levantamos muros,

Que sería mejor construir puentes,

Que sobre ellos se va a la otra orilla, y también se vuelve,

Que volver no implica retroceder,

Que retroceder también puede implicar avanzar

¿Cómo hacerte saber que nadie establece normas salvo la vida

pero con AMOR?

Anónimo




Haz lo que deseas...
Autor desconocido

Si abrigas un bello pensamiento no te quedes con él, manifiéstalo.

Si quieres pedir perdón y decirle a esa persona que la quieres, hazlo.

Si tienes oportunidad de componer un poema, escríbelo y obséquialo.

Si deseas cantar una canción, cántala y sé feliz.

Si unas lágrimas asoman a tus ojos, déjalas brotar y desahógate.

Si te viene el deseo de reír, ríe y contagia tu alegría.

Si ansías tener algo y puedes poseerlo, adquiérelo y disfrútalo.

Si puedes brindar ayuda a un semejante, dala toda y no te limites.

Si vas a dar un consejo, mejor sugiere, para no equivocarte.

Si tienes animales no los maltrates, protégelos.

Si anhelas un mundo más hermoso, cuida la naturaleza.

Si hay un niño a quien puedes educar, cuídalo hasta hacerlo hombre.

Si tienes sueños, hazlos realidad esforzándote más y siendo digno.

CON EL MISMO CARIÑO DE SIEMPRE





Mi querido, mi viejo, mi amigo
Esos tus cabellos blancos, bonitos
ese hablar cansado, profundo
que me lee todo lo escrito
y me enseña tanto del mundo.

Esos pasos lentos que ahora
caminando siempre conmigo,
ya corrieron tanto en la vida
mi querido, mi viejo, mi amigo.

Esa vida llena de historias
y de arrugas marcadas por el viento,
recuerdos de antiguas victorias
son lágrimas lloradas al viento.

Tu voz dulce y serena me calma,
y me ofrece refugio y abrigo,
va calando dentro de mi alma,
mi querido, mi viejo, mi amigo.

Tu pasado vive presente
en las experiencias sentidas,
y en tu corazón consciente
de las cosas bellas de la vida.

Tu sonrisa franca me anima
tu consejo sabio me cría
abro el corazón y te digo
mi querido, mi viejo, mi amigo.

Yo, te he dicho casi todo,
y casi todo es poco,
frente a lo que yo siento.

Mirando tus cabellos
tan bonitos
abro el corazón
mi querido, mi viejo, mi amigo...
Mirando tus cabellos
tan bonitos
abro el corazón
mi querido, mi viejo, mi amigo...
Mirando tus cabellos
tan bonitos
abro el corazón
mi querido, mi viejo, mi amigo...

Roberto Carlos



Lo que piensa el hijo del Padre

A los siete años:
Papá es un sabio, todo lo sabe

A los catorce:
Me parece que papá,
Se equivoca en algunas de las cosas que dice.

A los veinte:
Papá está un poco atrasado en sus teorías;
No es de esta época.

A los veinticinco:
El “viejo” no sabe nada...
Esta chocheando decididamente.

A los treinta y cinco:
Con mi experiencia,
Mi padre a esta edad hubiera sido millonario.

A los cuarenta y cinco:
No sé si ir a consultar con el viejo este asunto.
Tal vez pudiera aconsejarme.

A los cincuenta y cinco:
¡Qué lastima que se haya muerto el viejo!
La verdad es que tenía unas ideas y una
Clarividencia notables.

A los sesenta:
¡Pobre papá! ¿era un sabio!
¡Qué lástima que yo,
lo haya comprendido demasiado tarde!

¡Joven! Mañana serás padre, recuerdalo siempre!

Para todos los Papas

LES DESEO UN FELIZ DIA



Vale la pena
Vale la pena cada espina, cada rosa, cada lágrima que riega lo que florecerá en sonrisa, porque la vida es maravillosa por ella misma; no importan las penas no importa el desamor, porque pasa... todo pasa y el sol vuelve a brillar.

Hay momentos que sentimos que todo está mal, que nuestras vidas se hunden en un abismo tan profundo, que no se alcanza a ver ni un pequeño resquicio por el que pase la luz.

En esos momentos debemos tomar todo nuestro amor, nuestro coraje, nuestros sentimientos, nuestra fuerza y luchar por salir adelante.

Muchas veces nos hemos preguntado si vale la pena entusiasmarnos de nuevo, y solo puedo contestar una cosa: Hagamos que nuestra vida valga la pena!.

Vale la pena sufrir, porque he aprendido a amar con todo el corazón.

Vale la pena entregar todo, porque cada sonrisa y lágrima son sinceras.

Vale la pena agachar la cabeza y bajar las manos, porque al levantarlas seré más fuerte de corazón.

Vale la pena una lágrima, porque es el filtro de mis sentimientos, a través de ella me reconozco frágil y me muestro tal cual soy.

Vale la pena cometer errores, porque me da mayor experiencia y objetividad.
Vale la pena volver a levantar la cabeza, porque una sola mirada puede llenar ese espacio vacío.

Vale la pena volver a sonreír, porque eso demuestra que he aprendido algo más.

Vale la pena acordarme de todas las cosas malas que me han pasado, porque ellas forjaron lo que soy el día de hoy.

Vale la pena voltear hacia atrás, porque así sé que he dejado huellas en los demás.
Vale la pena vivir, porque cada minuto que pasa es una oportunidad de volver a empezar.

Todo esto son sólo palabras, letras entrelazadas con el único fin de dar una idea.

Lo demás, depende de cada uno de nosotros.

Dejemos que nuestras acciones hablen por nosotros.

Hagamos que nuestra vida valga la pena!.

¡Seamos Felices!

¿Verdad que vale la pena?

Autor Desconocido


En esos momentos de oscuridad, parecería como que nada vale la pena... Hasta pensamos que la vida es una agonía lenta y que todos los obstáculos, los sinsabores, las injusticias, los pesares y las tristezas forman parte de una gran agenda que desconociamos y que alguien puso en nuestro camino para que poco a poco, lentamente perdiéramos las ganas de vivir...

Pero Vivir Vale la Pena... Si comprendemos que mucho de nuestro sufrimiento nos ayuda a ser mejores, que detrás de cada injusticia hay una enseñanza que a veces no podemos descubrir pero que al pasar los años nos ayuda a saltar aquellos muros que creimos moles enormes que se levantaban impidiendonos el paso...

Sí, es cierto....sentimos muchas veces ganas de abandonar la carrera, fuertes deseos de bajar los brazos y entonar suavecito el tema del adios...

Homera Homer- Dixon nos dice:

"Cierta persona estaba sorprendida por la variedad de aflicciones de las cuales ella parecía ser el blanco. Al pasar por una viña una magnífica tarde otoñal, notó que ésta parecía estar sin podar y que las ramas estaba llenas de hojas, el terreno estaba enmarañado con hierba y maleza, y todo aquel lugar parecia completamente descuidado. Estaba reflexionando sobre esto cuando el divino Jardinero susurró un mensaje tan instructivo que ella sintió el deseo de transmitirlo a los demás: "Hija mía, ¿estás pensando acerca de las tribulaciones de tu vida? Contempla aquella viña y aprende de ella. El jardinero cesa de arreglarla, podarla, pasar el rastrillo o arrancar el fruto, solamente cuando no espera nada más de la viña durante aquella estación. Se la abandona porque ya ha pasado la época del fruto y todos los esfuerzos que en ella se invirtieran serían ahora infructuosos. El deseo de liberarse del sufrimiento es una verdadera inutilidad. ¿Quieres entonces que cese de podar tu vida? ¿Deseas que te deje sola? Y el corazón fortalecido gritó: "¡No!"

Todos en algún momento de nuestras vidas soportamos el peso del dolor, también las injusticias, "lo inmerecido", pero no pesemos la vida por lo que otros hicieron...

¿Cómo fuimos y cómo somos? ¿Cómo actuamos? ¿Qué damos? ¿Qué ofrecemos a los demás?
Esa debe ser nuestra preocupación: Ser mejores cada día y a medida que avanzamos debemos aprender a dejar atrás tanto sea en el recuerdo como en el camino aquellas cosas, personas o situaciones que tanto nos dañaron y pedir porque la luz los envuelva y apostar a la vida, porque la vida vale por todo aquello que aprendimos a cargar en la mochila, lo bueno y lo malo pero que al sacarlo nuevamente lo hacemos mucho más bueno y transformamos lo malo gracias a nuestra experiencia.

Vale la pena... Abrir el corazón, el alma y los brazos a la vida aún con sus lágrimas porque serán la antesala de nuestras futuras sonrisas...

No desperdiciemos nuestra vida... El tiempo pasa demasiado rápido... No te quedes parado en la estación, subite al tren de la vida... Cuando asome la última estación comprenderás que vale la pena este viaje ...

Graciela De Filippis



"Si me voy antes que tú..."

Si me voy antes que tú, no llores por mi ausencia; alégrate por todo lo que hemos amado juntos.

No me busques entre los muertos, en donde nunca estuvimos, encuéntrame en todas aquellas cosas que no habrían existido, si tú y yo no nos hubiésemos conocido.

Yo estaré a tu lado, sin duda alguna, en todo lo que hayamos creado juntos: en nuestros hijos por supuesto, pero también en el sudor compartido tanto en el trabajo como en el placer y en las lágrimas que intercambiamos.

Y en todos aquellos que pasaron a nuestro lado y que, irremediablemente, recibieron algo de nosotros, y llevan incorporado --sin ellos ni nosotros notarlo-- algo de tí y algo de mí.

También nuestros fracasos, nuestra indolencia y nuestros pecados, serán testigos permanentes de que estuvimos vivos y no fuimos ángeles, sino humanos.

No te ates a los recuerdos ni a los objetos, porque dondequiera que mires que hayamos estado, con quienquiera que hables que nos conociese, allá abrá algo mío.

Aquello sería distinto, pero indudablemente distinto, sino hubiésemos aceptado vivir juntos nuestro amor durante tantos años; el mundo estará ya siempre salpicado de nosotros.

No llores mi ausencia, porque sólo te faltara mi palabra nueva y mi calor de ese momento. Llora si quieres, porque el cuerpo se llena de lágrimas ante todo aquello que es más grande que él, que no es capaz de comprender, pero que entiende como algo grandioso, porque cuando la lengua no es capaz de expresar una emoción, ya sólo pueden hablar los ojos.

Y vive. Vive creando cada día y más que antes. Porque yo no sé como, pero estoy seguro que desde mi otra presencia yo también estaré creando junto a ti, y será precisamente en ese acto de traer algo que no estaba, donde nos habremos encontrado. Sin entenderlo muy bien, pero así, como los granos de trigo que no entienden que su compañero muerto en el campo da vida a muchos nuevos compañeros.

Así, con esa esperanza, deberás continuar dejando tu huella, para que cuando tu muerte nos vuelva a dar la misma voz, cuando nuestro próximo abrazo nos incorpore ya sin ruptura a la Única Creación, muchos puedan decir de nosotros:

"Si no nos hubiesen amado, el mundo estaría más triste".



Si llevas a Dios,
en ninguna parte has de sentirte extranjero,porque Él estará en lo más dulce de todos los paisajes, en el límite indeciso de todos los horizontes.

Si llevas a Dios, en ninguna parte estarás triste, porque, a pesar de la diaria tragedia,Él llena de júbilo el universo.

Si llevas a Dios, no tendrás miedo de nada ni de nadie porque nada puedes perder,
y todas las fuerzas del cosmos serían impotentes para quitarte tu heredad.

Si lleva a Dios, ya tienes alta ocupación para todos los instantes,
porque no habrá acto que no ejecutes en su nombre, ni el más humilde ni el más alto.

Amado Nervo

Los ladrones del tiempo
Los ladrones de tiempo son como los mafiosos. Todo el mundo los conoce, pero no se puede hacer nada contra ellos por falta de pruebas. Y además, son peligrosos. Nos hacen mucho daño. Se impone por tanto hacer algo.

¿Quiénes son estos ladrones?

-Ausencia de un plan de actividades coherente.

-Saber priorizar.

-Objetivos y prioridades confusos

-Indecisión

-Interrupciones

-Reuniones no previstas

-Trabajos pendientes

-Entrevistas largas

-Desorden

-Burocracia

-Falta de reflexión previa Algunas soluciones óptimas pueden ser:

-Preparar diariamente un programa de trabajo

-Establecer prioridades

-Establecer objetivos

-Preparar las reuniones

-Hacer una cosa cada vez

-Distinguir lo esencial de lo accesorio

-Agrupar cosas semejantes

-Dividir en fases o etapas

-Poner ideas por escrito

-Comunicar clara y brevemente

-Programar llamadas/visitas

-Buscar con calma las soluciones

-Vigilar la organización personal

-Buscar con calma las soluciones

-Alternar actividades

Los fantasmas del tiempo

El mundo en que vivimos hoy es agobiante. El agobio comienza todos los días, cuando al amanecer se inicia una verdadera lucha por llegar a la oficina: atascos, colas,... Puede parecer que el fenómeno del agobio está siempre en lo colectivo, que es un rasgo característico de la sociedad en que vivimos. Y eso sería un error. El agobio tiene mucho de personal. Por eso, los remedios del agobio tenemos que buscarlos también en la propia dimensión de la persona.

Remedios frente al agobio

Percibir: supone tomar conciencia y buscar las causas que producen el agobio.

Prever: hay que acostumbrarse cada día al ejercicio de la previsión. Buena parte de las sorpresas que nos llevamos se podrían haber previsto.

Organizar: dedicamos poco tiempo a la organización y por eso mismo perdemos mucho tiempo. Una mala organización es uno de los peores enemigos del tiempo.

Eliminar: estamos acostumbrados a conservar. Nos cuesta trabajo romper un papel, pero si no lo rompemos, serán los papeles quienes terminarán agobiándonos.



¿QUÉ ES SERVIR?
Servir es sembrar semillas buenas.

Servir es atender a cualquiera que nos llame, no a quienes a su vez, puedan alguna vez servirnos a nosotros.

Servir es sembrar siempre sin descanso, aunque sólo sean otros los que recojan y saboreen las cosechas.

Servir es mucho más que dar con las manos algo que tienes, es dar con el alma lo que tal vez nunca nos fue concedido.

Servir es distribuir afecto, bondad, cordialidad, apoyo moral, amor por sí mismo y a veces, ayuda material.

Servir es repartir alegría, es infundir fe, estima, admiración, respeto, gratitud,
sinceridad, honestidad, libertad, optimismo, confianza y esperanza.

Servir es en verdad, dar más de lo que recibimos en la vida, y de la vida.



LAS HUELLAS DORADAS

(Jorge Bucay)

Martín había vivido gran parte de su vida con intensidad y gozo. De alguna manera su intuición lo había guiado cuando su inteligencia fallaba en mostrarle el mejor camino. Casi todo el tiempo se sentía en paz y feliz, ensombrecía su ánimo, algunas veces, esa sensación de estar demasiado en función de sí mismo.

Él había aprendido a hacerse cargo de sí y se amaba suficientemente como para intentar procurarse las mejores cosas. Sabía que hacía todo lo posible para cuidarse de no dañar a los demás, especialmente a aquellos de sus afectos. Quizás por eso le dolían tanto los señalamientos injustos, la envidia de los otros o las acusaciones de egoísta que recogía demasiado frecuentemente de boca de extraños y conocidos.

¿Alcanzaba para darle significado a su vida la búsqueda de su propio placer? ¿Soportaba él mismo definirse como un hedonista centrando su existencia en su satisfacción individual? ¿Cómo armonizar estos sentimientos de goce personal con sus concepciones éticas, con sus creencias religiosas, con todo lo que había aprendido de sus mayores? ¿Qué sentido tenía una vida que sólo se significaba a sí misma? Ese día, más que otros, esos pensamientos lo abrumaron.

Quizás debía irse. Partir. Dejar lo que tenía en manos de los otros. Repartir lo cosechado y dejarlo de legado para aunque sea en ausencia ser en los demás un buen recuerdo. En otro país, en otro pueblo, en otro lugar, con otra gente, podría empezar de nuevo. Una vida diferente, una vida de servicio a los demás, una vida solidaria. Debía tomarse el tiempo de reflexionar sobre su presente y sobre su futuro.

Martín puso unas pocas cosas en su mochila y partió en dirección al monte. Le habían contado del silencio de la cima y de cómo la vista del valle fértil ayudaba a poner en orden los pensamientos de quien hasta allí llegaba.

En el punto mas alto del monte giró para mirar su ciudad quizás por última vez. Atardecía y el poblado se veía hermoso desde allí.

Por un peso te alquilo el catalejos. Era la voz de un viejo que apareció desde la nada con un pequeño telescopio plegable entre sus manos y que ahora le ofrecía con una mano mientras con la otra tendida hacia arriba reclamaba su moneda.

Martín encontró en su bolsillo la moneda buscada y se la alcanzó al viejo que desplegó el catalejos y se lo alcanzó. Después de un rato de mirar consiguió ubicar su barrio, la plaza y hasta la escuela frente a ella.

Algo le llamó la atención. Un punto dorado brillaba intensamente en el patio del antiguo edificio. Martín separo sus ojos del lente, parpadeó algunas veces y volvió a mirar. El punto dorado seguía allí. Qué raro - exclamó Martín sin darse cuenta de que hablaba en voz alta. ¿Qué es lo raro?, preguntó el viejo. El punto brillante, dijo Martín, ahí en el patio de la escuela, siguió, alcanzándole al viejo el telescopio para que viera lo que él veía. Son huellas, dijo el anciano. ¿Qué huellas? Preguntó Martín.

Te acordás de aquel día... Debías tener siete años; tu amigo de la infancia, Javier, lloraba desconsolado en ese patio de la escuela. Su madre le había dado unas monedas para comprar un lápiz para el primer día de clases. Él había perdido el dinero y lloraba a mares, contestó el viejo. Y después de una pausa siguió, ¿te acordás lo que hiciste? Tenías un lápiz nuevecito que estrenarías ese día. Te arrimaste al portón de entrada y cortaste el lápiz en dos partes iguales, sacaste punta a la mitad cortada y le diste el nuevo lápiz a Javier.

No me acordaba, dijo Martín, pero eso, ¿qué tiene que ver con el punto brillante?

Javier nunca olvidó ese gesto y ese recuerdo se volvió importante en su vida.

¿Y?

Hay acciones en la vida de uno que dejan huellas en la vida de otros, explicó el viejo, las acciones que contribuyen al desarrollo de los demás quedan marcadas como huellas doradas...

Volvió a mirar por el telescopio y vio otro punto brillante en la vereda a la salida del colegio.

Ese es el día que saliste a defender a Pancho, ¿te acuerdas? Volviste a casa con un ojo morado y un bolsillo del guardapolvo arrancado.

Martín miraba la ciudad.

Ese que está ahí en el centro, siguió el viejo, es el trabajo que le conseguiste a Don Pedro cuando lo despidieron de la fábrica... Y el otro, el de la derecha, es la huella de aquella vez que juntaste el dinero que hacía falta para la operación del hijo de Ramírez... Las huellas esas que salen a la izquierda son de cuando volviste del viaje porque la madre de tu amigo Juan había muerto y quisiste estar con él.
Martín apartó la vista del telescopio y sin necesidad de él empezó a ver cómo, miles de puntos dorados aparecían desparramados por toda la ciudad.

Al terminar de ocultarse el sol, el pueblo parecía iluminado por sus huellas doradas.



Nadie vale mas de lo que vale su obra y su intención de realizarla.

Vale el que sembrando en la tierra o en las almas, prepara la buena cosecha.

Vale el que enseña cosa buena, el que realiza cosa útil o bella, el que de las profundidades de lo desconocido arranca preciosos secretos.

Vale el que piensa bien, el que dice bien, el que procede bien

Vale el que ejercita sentimientos nobles, el que por lo menos intenta remediar el mal que a otros aflige, el que lucha dignamente contra la adversidad y aquel que, cuando es necesario, ignora que existen imposibles.

Vale el que estimula la obra ajena, el que da mas de lo que a el le sobra, el que no sabe odiar, el que hasta consigo mismo, es capaz de justicia y vale el que perdona.

Vale el que en cualquier sentido, de echo, de palabra o de pensamiento mejora la vida, el que da una alegría, el que disminuye un dolor, el que da su oro, el que da salud, el que oportunamente da un consejo y aun vale mucho mas el que da su afecto.

Vale entre todos los que valen el que cuida la esperanza ajena como si fuera la suya propia.-

Autor: Desconocido


LA PACIENCIA
"Una demora no es una negación"

La paciencia es una virtud
que no poseen muchas personas.

Tenemos poca dificultad en identificar
lo que queremos y lo que necesitamos.
El problema viene
cuando esperamos que eso se manifieste.

Nos ponemos nerviosos, dudosos,
incluso temerosos,
cuando no vemos que lo bueno viene hacia nosotros
tan pronto como pensábamos que lo haría.

A veces hasta nos permitimos creer
que alguien o algo puede detenernos
o hacer que lo bueno no venga.

Nos preocupamos, nos quejamos
y a veces hasta perdemos la esperanza.
No podemos ver que nosotros mismos
nos ponemos obstáculos.
Nos olvidamos del ritmo universal del
desarrollo de las cosas y del orden divino.

Puede ser que no nos demos cuenta
de la forma en que nuestras dudas,
miedos y pensamientos negativos sacan de raíz
las semillas positivas que sembramos.

Sencillamente no entendemos que tenemos ese deseo gracias a que existe la posibilidad de que se cumpla.

Debemos entender la virtud de la paciencia
porque cada vez que abrimos el horno,
corremos el riesgo de hacer que
se eche a perder una buena torta.

"Yo tengo todo el tiempo del universo"

Siempre tenemos algún deseo
y queremos que se haga realidad.
Pero no sabemos esperar a que todo llegue
en el momento justo, ni antes ni después.

Nos invade la ansiedad, el apuro,
y cuando aquello que deseamos no llega,
o se demora, pensamos que algo no deja que se haga realidad, o sentimos que la vida quiere castigarnos negándonos aquello que anhelamos,
o que una fuerza poderosa y negativa aleja
de nosotros el bien y obstaculiza nuestra vida.

Tenemos el camino, en el horizonte brilla
aquello que deseamos y nosotros corremos para
tratar de alcanzarlo, pero mientras lo hacemos
ponemos en el sendero todo lo que negativo.

Entonces en ese apuro tropezamos y tropezamos
y cuando al fin nuestro deseo se hace realidad
nos decimos que:

"todo nos cuesta tanto"...
"llegar a la meta fue tan sacrificado"...

y claro no es para menos,
si en vez de ir caminando aceleramos el paso,
si dejamos la paciencia olvidada,
en un costado del camino y encima envueltos
en nuestra propia angustia en lugar
de darle luza nuestro deseo
solo lo llenamos de miedo e incertidumbre.

Paciencia ... Es necesario tener paciencia.

Dejar que todo se cumpla
y se realice en el momento adecuado.

Tener fe y esperanza por sobre todo,
hace que nuestros deseos se llenen
de energía positiva y nos anima a creer
en que todo es posible y que así será.